Después del nacimiento del dios en Lemnos, su madre Hera confió el niño a Cedalión, que vivía en Naxos, y le enseñó su arte. Ayudó a Orión, que había quedado ciego, a recuperar la vista. Orión lo puso sobre sus hombros y le pidió que lo colocase de cara al Sol levante, lo cual le curó.
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